30 de noviembre de 2009

H2O

El agua cae incansablemente.
Cae sobre el aire
Cae sobre el suelo
Cae sobre la tierra
Cae sobre mi cuerpo
Cae sobre tus anhelos
Cae y con ella arrastra todo lo que permanece en aparente quietud
Pues tiene movimiento y en ese intento de danza con la que arrasa se lleva también mis pensamientos
18 de octubre de 2009

Bastará

Creí que mi posicionamiento sería diferente, creí que la historia sería diferente, pero no.
Una vez más en el mismo lugar. De admiradora, de vacío. Como si no poseyera aquello que me embelesa.
¿Y qué es “aquello”? me pregunto cada vez que me veo sumida en estas situaciones, ¿qué es? De qué carezco que termino en una misma posición cada vez que se presenta la ocasión…
Es una lógica, es una oración, pero sin embargo carece de razón. Es algo que se siente y que quizá sea una construcción.
Lo llamativo es de nuevo encontrarme con la duda, con el “qué (…) ría si…”, ese signo de interrogación que hace las veces de plataforma inestable sobre la que desenvuelvo esta parte de mi vida.
¡BASTA!, pero no me basta…ambas salidas posibles, contrarias y necesarias.
La duda, una y otra vez
Continuar a pesar de no disfrutar, continuar y crear una historia detrás de este extenso desierto… ¿por qué? ¿A qué me servirá? Es una necesidad de reincidir en la sensación, de hacerla mía: propia. Angustia y su solución (comprensión) alivia, pero necesito la angustia que luego se alivia y su alivio angustia…
No me basta decir basta…
23 de Septiembre de 2009

A - Mar Se

Compulsión a la repetición – Construcción de realidades – Elecciones vitales – Pensamientos irracionales.
Constructos vacíos para momentos en los que la racionalización está tan cegada por la emoción. Marcos interpretativos de una experiencia que no sirven de nada cuando ésta es vivencial; sentimental.
Razones que se pierden en lo más profundo de mis sensaciones. Razones que descarto por descarte. Razones que de nada sirven cuando una y otra vez la frustración te golpea, pues por más posibles razones que existan para la explicación de mis incansables repeticiones, son las emociones las que dan curso a mis acciones.
¿Por qué? Me pregunto una y otra vez, ¿por qué? Y, a su vez, en caso de decidir concluir esta historia del mismo modo que he concluido las otras, ¿para qué? ¿Habría uno, en estos casos, de pensar en términos de costo beneficio? ¿Qué beneficios? ¿Qué costos? Demasiadas preguntas para pocas respuestas. Demasiadas razones para un mal de amores, donde nada escapa a las emociones y donde todo parece llenarse de desazones.
No obstante, ¿por qué elegí, consciente de estarlo haciendo, el mismo camino? ¿Por qué, a sabiendas de cómo terminaría la situación decidí hacerme, finalmente, daño? Era cuestión de acelerar un poco la situación para que, como un embudo, el agua dejará de estar dispersa para tomar su cauce final. Sería así y lo sabía, y a pesar de eso puse todas mis energías.
¿Es que acaso hay algo que determina el cómo se suceden los hechos, me refiero a algo externo, ajeno a nuestra voluntad, que controla (dictamina) qué sucederá o, como diría una canción “está en nosotros”? En caso de estar en nosotros, ¿cómo modificarlo? Si a pesar de intentarlo incansablemente e ir mejorando progresivamente las experiencias no parecen reforzar ninguno de mis intentos. ¿Quién me está tomando el pelo? ¿Acaso soy yo? ¿Para qué?
Ahora bien, ¿cuál es el siguiente paso? Si es que acaso hay un guión en toda esta situación; en caso de haberlo esperemos finalice con algo bueno, pues al menos en mi bagaje de experiencias los corazones pocas veces terminan en buen puerto.
Las hadas no cuentan cuentos sobre mi almohada.
01 de Junio de 2009